LA ÉTICA EPICÚREA (EPICUREÍSMO)
La teoría del conocimiento (o
Canónica) nos ha indicado el modo de acceder al conocimiento de la realidad; la
Física ha puesto de relieve la auténtica esencia del mundo y de los seres
humanos, haciéndonos comprender que es absurdo temer los fenómenos naturales,
la muerte y los dioses; la ética, según los epicúreos, nos muestra el auténtico
camino que conduce a la felicidad. Esta vía consiste, justamente, en procurar
librar al alma de todos los temores y de todas las preocupaciones para que
pueda arribar a una situación de tranquila indiferencia.
La ética socrática, platónica y
aristotélica era activa y social y se desenvolvió en estrecha relación con la
política: Sócrates, por ejemplo, salía a la plaza pública, a las termas, etc.,
a dialogar con sus convecinos sobre la virtud, la justicia, los deberes, etc.,
en Platón, el sabio aparecía comprometido en el gobierno de la sociedad y según
Aristóteles el ser humano, por naturaleza, es “animal político”. La moral
epicúrea, por el contrario, intentó refugiarse en un individualismo alejado de
todas aquellas preocupaciones. Epicuro predicaba la renuncia a toda actividad
pública, la huida de la turba social y la retirada al jardín de los sabios.
Según él, la verdadera moral debe conducir a la inactividad, a la
imperturbabilidad, a la soledad, o, si acaso, a la tranquila charla amistosa
entre “los pocos sabios que son capaces de retirarse del mundanal ruido”.
El placer:
La doctrina ética de Epicuro se
fundamenta en las afecciones del placer y dolor
que las sensaciones producen en los seres humanos: el placer es bueno y
el dolor es malo. En este sentido, todos los seres humanos buscan el placer y
huyen del dolor; este autor entendió por
placer un estado negativo en el que no se experimente absolutamente dolor en el
cuerpo ni perturbación en el alma, el primer modo de placer consistirá en la
satisfacción de las primeras necesidades (alimentos, agua, vestidos...) o lo
que es lo mismo, en lograr el equilibrio fisiológico.
Placeres del cuerpo y placeres
del alma:
Epicuro distinguió entre los
placeres y dolores del cuerpo y los del alma; los primeros guardan relación
directa con las afecciones que produce la sensación y permanece localizado en
los órganos adecuados. Los placeres y los dolores del alma, en cambio, se
refieren a la parte intelectiva y poseen un carácter duradero, flexible e
independiente. El cuerpo no puede sufrir ni gozar otros dolores ni placeres que
los presentes. El alma, en cambio, puede sufrir y gozar con placeres pasados,
pues gracias a su capacidad de memoria y de previsión puede ignorar la
situación actual del cuerpo, recordando situaciones pasadas.
Deseos naturales y deseos no
naturales:
No todos los placeres son
iguales, sino que existen placeres superiores y placeres inferiores. En este
sentido, Epicuro estableció una triple distinción entre los deseos humanos:
deseos naturales y necesarios (beber cuando se tiene sed); deseos naturales no
necesarios (surgen de las preocupaciones por la vanidad y el lujo).
Epicuro proscribía los deseos no
necesarios y minimizaba los necesarios, porque todos ellos son fuentes de
dolores y turbaciones. Además señaló la conveniencia de tener satisfechos los
deseos necesarios pues su carencia dificulta la vida placentera, sin embargo,
recomendaba moderación.
El tetrafármacos:
El camino para arribar a la
autarquía y a la ataraxia lo resumió Epicuro en los cuatro preceptos (el
tetrafármacos) siguientes: a) no temer a los dioses: los dioses ni tienen
molestias ni se las producen a nadie; b )No temer a la muerte; c) los males y los dolores son breves; d) el
bien es fácil de lograr, consiste en no prestar atención al dolor y en alejarse
de él mediante el recuerdo de los placeres pasados.
En conclusión, la ética de
Epicuro era hedonista: ahora bien el hedonismo así entendido, contra lo que
normalmente se afirma, resulta profundamente ascético y hasta heroico, sin duda
alguna alejado de los ideales y de las capacidades de la inmensa mayoría de las
personas. Se trata efectivamente, de buscar el placer, mas los epicúreos sabían
que el placer sin norma ni medida es poco consistente y fácilmente nos
convierte en esclavos; en consecuencia, se impone ser prudentes, conformarse
con un mínimo de placer y procurar conseguir el dominio de nosotros mismos.
LEA LOS SIGUIENTES FRAGMENTOS Y RESPONDA EN SU CUADERNO LAS
PREGUNTAS QUE LES SIGUEN.
La elección de los placeres:
“Cuando decimos que el placer es el fin, no queremos entender los
placeres lujuriosos y libertinos, como dicen algunos ignorantes de nuestra
doctrina o contrarios a ella; si no que unimos la ausencia del dolor del cuerpo
con la tranquilidad del ánimo. No son los convites ni los banquetes, ni el
disfrute de muchachos y mujeres, ni de pescados y otros manjares que pueden
darse en una suntuosa mesa los que hacen dulce la vida, sino un sobrio
raciocinio que investiga perfectamente los motivos de toda elección y de todo
rechazo.”
DIÓGENES LAERCIO: Carta a Meneceo, 97.
Debemos saber calcular adecuadamente entre los placeres y los dolores
que se nos ofrecen. Este cálculo es llevado a cabo por la prudencia racional.
En Epicuro, aparece un cierto intelectualismo moral, la elección la
lleva a cabo la razón o el intelecto: la persona sabia y prudente, por una
parte, sabe escoger y, por otra, siempre es dichoso, las desgracias de los
seres humanos se deben a los deseos desordenados, es decir, no elegidos
conforme a razón. La persona sabia, al contrario, de acuerdo con los dictados
de la naturaleza se aleja de todas las preocupaciones y busca la autarquía, la
autosuficiencia, pues sabe que no puede esperar nada de los dioses ni de los
otros seres humanos, y la autarquía conduce a la ataraxia, a la
imperturbabilidad: vivir indiferente a los avatares del mundo y de la sociedad;
“ para ser feliz vivamos escondidos “ nos viene a decir Epicuro, ya que el
sabio sólo aspira a vivir en la amistad de otros sabios; pues “ de todas las
cosas que nos ofrece la sabiduría para la felicidad de la vida, la más grande
es la adquisición de la amistad “, afirmaba en la sentencia 29.
DESARROLLE EN SU CUADERNO
1. Explique en una corta disertación
qué significa la expresión: “Cuando decimos que el placer es el fin nos
referimos al sobrio raciocinio que investiga perfectamente los motivos de toda
elección y de todo rechazo.” Dé un ejemplo de buena elección y uno de buen
rechazo
2. ¿Cómo se entiende que los
placeres, si son algo bueno, nos puedan causar u ofrecer dolor? Justifique su
respuesta en el cuaderno.
3. Dé dos ejemplos de placeres
que causen dolor “dañino” a la persona y dos ejemplos que causen dolor “benigno”
a la persona. Explique brevemente cada uno de los cuatro.