LA AUTONOMÍA PERSONAL
El arte de la autonomía
En el ámbito social,
la autonomía es un concepto psicológico y ético. Significa la capacidad de
dirigir libremente la propia conducta, de darse normas a uno mismo. La
propia etimología de la palabra indica su índole moral, porque el «nomos» hace
referencia al ámbito normativo. Es interesante comprobar que sólo tardíamente
se ha valorado esta capacidad. Para los filósofos clásicos griegos lo
importante era que el ciudadano disfrutara de isonomía (igualdad ante la
ley) e isegoría (la igualdad en el uso de la palabra). En la tragedia
Antígona, de Sófocles, la protagonista se ve desgarrada entre dos deberes: el
ciudadano (no puede enterrar a su hermano, acusado de traición) y el fraternal
(debe enterrarlo). Sigue su conciencia y le da sepultura. El coro, que es la
voz reflexiva del drama, considera que su comportamiento es soberbio y la
increpa llamándola autonomós. Usa como insulto lo que nosotros utilizamos como
epíteto glorioso.
Muchos pensadores los
llamados comunitaristas- consideran que la exaltación del individualismo rompe
los vínculos morales. Es cierto que vivimos en una sociedad «líquida» (Bauman)
o mercurial (Marina), pero al mismo tiempo mantenemos sistemas de solidaridad
de enorme complejidad y eficacia. Por eso, creemos que lo necesario es traer a
la conciencia personal fenómenos de solidaridad que están presentes en nuestras
instituciones, en una especie de inconsciente social. Ahora, sin embargo,
tenemos que hablar de la autonomía correcta. El buen ciudadano no puede perder
su vinculación social, pero tampoco puede diluirse en el grupo. De lo que
estamos hablando es de una educación para la libertad, la independencia y la
autonomía vinculada. De nuevo nos encontramos en un punto donde psicología y
ética se unen.
La tensión entre
individuo y sociedad se soluciona cuando añadimos a la noción de autonomía el
adjetivo «responsable». La educación de la responsabilidad se convierte así en
el punto central de esta competencia. Lo que queremos es que nuestros alumnos,
los jóvenes, los adultos, los profesionales, incluso las empresas, sean
responsables individual y socialmente. Autonomía responsable es una buena
definición ética de la libertad. Supone poseer los recursos personales
necesarios para desarrollar los propios planes de vida, pero no
arbitrariamente, sino respondiendo de ellos, y responsabilizándose de sus
consecuencias.
Al educar en una
sociedad democrática estamos promoviendo la individualidad en un contexto de
interdependencias. Ni individualismo desvinculado ni dependencia sumisa.
Protegemos así un campo de la experiencia social que pertenece al individuo, en
el que esperamos que sea capaz de llevar a cabo un proyecto de vida propio,
integrado en la sociedad y valioso. El niño desarrolla su
autonomía personal a
medida que:
a) adquiere capacidad
de autorregularse,
b) se responsabiliza
de las consecuencias de su comportamiento,
c) aprende a
responder asertivamente.
Aprendizaje de la
responsabilidad
La capacidad de
dirigir la propia conducta, que es la base de la autonomía, debe prolongarse
con el
aprendizaje de la
responsabilidad. El lenguaje nos brinda una precisa cartografía de la
responsabilidad. Un bebé no es responsable de sus actos, una persona que no
piensa las consecuencias de su acción es un irresponsable. Somos responsables
de aquellas cosas que están incluidas dentro de nuestras obligaciones o
deberes.
Todos estos elementos
han de ser tenidos en cuenta para educar una autonomía responsable. Durante
toda la historia de la humanidad, los niños han asumido responsabilidades muy
pronto. Tenían que ocuparse de sus hermanos pequeños, de tareas de casa, o
empezaban a trabajar desde muy temprana edad. Esta situación les impedía ir a
la escuela o recibir educación, lo que limitaba sus posibilidades de
desarrollo. Por eso reconocemos el derecho a la educación hasta los 16 años de
edad. Pero nos hemos confundido al querer proteger a los niños liberándoles de
responsabilidades, cuando sólo debíamos liberarles de aquellas
responsabilidades que impedían su educación. Los niños deben aprender
responsabilidad y deben tomar responsabilidades a su cargo.
La educación de la
responsabilidad tiene como elementos principales:
1. Reconocer aquellas
cosas de las que soy autor y de las que no soy autor.
2. Aprender a
analizar las razones por las que se hace algo.
3. Aprender a
anticipar las consecuencias de la acción.
4. Aprender a
planificar el comportamiento.
Esta pedagogía de la
responsabilidad tiene que prolongarse con la asunción de responsabilidades.
Todos tenemos deberes y de ellos deriva nuestra responsabilidad. Los padres
tienen el deber de cuidar a sus hijos: ésa es su responsabilidad. Los hijos
tienen el deber de cuidar las cosas, de obedecer a los padres, de arreglar su
habitación, de hacer los «deberes» del colegio.
La asertividad
La asertividad,
palabra de reciente importación a nuestro léxico, ocupa una parte importante en
todos los textos de habilidades sociales. Designa la capacidad de afirmarse
frente a los demás, en especial en aquellas situaciones en que han sido
infringidos los propios derechos. Saber defenderlos, atreverse a decir que
no si es necesario, forma parte importante de la educación de la autonomía. Aprender
a defender los propios derechos -dice Larry Michelson- es, en realidad, un proceso
de tres etapas. En primer lugar, el individuo debe llegar a ser consciente de sus
derechos, debe comprenderlos. Este aspecto es una cuestión del desarrollo, puesto
que la adquisición de esta comprensión depende del desarrollo intelectual, así
como del desarrollo social. En segundo lugar, el individuo debe ser capaz de comprender
cuándo se han violado sus derechos. En tercer lugar, una vez que el individuo
comprende cuáles son sus derechos y cuándo están amenazados, es sumamente
importante aprender a comunicar a los demás que están infringiendo los propios
derechos personales.
1. Partiendo
de la definición de autonomía que encuentra en el documento; ¿Cómo puede
aplicar a su vida y crecimiento personal dicho concepto?
2. ¿Por qué
en la tragedia de Antígona, la autonomía es tomada como negativa y actualmente
se utiliza de forma positiva en el ser humano?
3. ¿Qué
significado tienen en su vida los términos de isonomía e isegoría?
Escriba casos en los que se apliquen y otros en los que no.
4. Explique
la siguiente frase:”El buen ciudadano no puede perder su vinculación social,
pero tampoco puede diluirse en el grupo”.
5. ¿Por qué
el aprendizaje de la responsabilidad es la base para la adquisición de la
autonomía?
6. Defina el
término de asertividad y ¿Cómo podemos poner en práctica cada una de las tres
etapas para llegar a ser asertivos?